¿Un mes? Efectivamente, un mes sin entrar a escribir nada. Os preguntareis si no tengo nada que contar. Y la respuesta es que sí, que tengo mucho que contar pero parece que cuánto más tiempo libre tengo menos cosas hago. Ha sido un mes intenso y no sé por dónde empezar.
El mes de noviembre me ha traido consigo muchos nervios, muchas hormonas, mucha espera y dos FIV negativas con la consecuente frustración. Nunca pensé que esto fuese a ser tan dificil. Siempre tuve la idea de que cuando me pusiese a ello me quedaría a la primera o segunda como mucho. Pero no ha podido ser. Sobre todo esta segunda ha sido especialmente dura porque parecía que iba a ser positivo. Los síntomas eran correctos y yo estaba muy convencida de que así sería. La primera vez fue más obsesivo podría decir aunque con un no muy buen presentimiento. En cambio, la segunda era todo lo contrario, estaba tan segura que el chasco ha sido inmenso.
Me ha hecho sentir profundamente triste. Es un camino duro ya de por sí pero nos lo hacen más duro si cabe en los centros médicos. Los precios son absolutamente abusivos. Me parece un robo lo que llegamos a pagar por algo que, a simple vista, parece tan sencillo: tener un hijo.
El dinero puede hacer que no consigamos un sueño, lamentable.
Pero hoy no quiero contar cosas tristes. Quiero contaros mi alegría, mis ganas de seguir y conseguir mi sueño. Cada día me levanto pensando que queda un día menos para ver la cara de nuestro bebé. Yo se que ese día va a llegar. Puede que no sea un día soleado y veraniego. Puede que quizá sea una tarde de aceras naranjas colmadas de hojas caducas. O quizá, como mi hijo, venga en una fría noche de invierno. Pero ese día llegará y pasará a mi memoria. Se guardará en ese rinconcito del corazón donde se guardan sólo los momentos mágicos de la vida, ese del que nunca jamás se irán.
El rinconcito ya está limpio para ella. Sólo falta que venga a ocupar su lugar.
